La proliferación de perros y gatos en situación de calle se ha convertido en un factor de riesgo creciente para la salud pública en Campeche, al tratarse de animales que pueden portar enfermedades transmisibles y generar afectaciones directas a la población, alertó el Colegio de Médicos Veterinarios en Pequeñas Especies del Estado de Campeche.
Especialistas advirtieron que la fauna callejera no sólo está asociada con accidentes viales y mordeduras, sino también con padecimientos que pueden llegar al ser humano mediante vectores como la garrapata, la cual no es exclusiva de los perros y puede afectar a distintos mamíferos, lo que amplía el alcance del problema sanitario.
El presidente del organismo, Miguel Ángel Novelo Piña, señaló que la Ley de Bienestar Animal no se ha aplicado de manera integral y que actualmente no existe un plan con metas claras para reducir la sobrepoblación de animales en la vía pública, una problemática que se ha mantenido durante décadas tanto en la entidad como en el resto del país.
Indicó que las campañas de esterilización impulsadas hasta ahora han sido superadas por la magnitud del fenómeno, pues acciones aisladas no logran contener el crecimiento acelerado de la población callejera, por lo que consideró urgente establecer una estrategia sostenida que permita disminuirla en un periodo de entre dos y diez años.
Novelo Piña recordó que en entidades como Baja California se han documentado brotes de enfermedades transmitidas por garrapatas que incluso han provocado muertes de personas, por lo que advirtió que la ausencia de estadísticas en Campeche no significa que el riesgo no exista, especialmente en zonas con limitadas condiciones de higiene y saneamiento.
Añadió que, aunque la rabia se mantiene bajo control en el estado, no ha sido erradicada, por lo que insistió en no bajar la guardia en las campañas de vacunación, además de atender otros problemas como la parasitosis derivada de heces en la vía pública y los constantes incidentes provocados por animales sin dueño.
Finalmente, reconoció la labor de rescatistas independientes y asociaciones civiles que atienden a perros y gatos abandonados con recursos propios, pero subrayó que estas acciones, aunque valiosas, no sustituyen la necesidad de políticas públicas integrales que enfrenten de fondo los riesgos sanitarios asociados a la fauna callejera.





