Pero a como quieran, de cochinita enterrada, horneada, de lechón tostado con cuerito, el taco es un paraíso de sabor envuelto en una tortilla, y eso, sí que es gastronomía mexicana. 

El sabor envuelto en una tortilla

 

Mientras la semana transcurre, espero con ansias el jueves, porque es el día designado para los “taquitos”. Por un lado, un bache económico replanteó el panorama de cenas familiares, y lo que antes eran dos o tres veces a la semana de salidas a restaurantes o pedidos de comida, se redujo a un jueves de taquitos, sobre todo ahora que Emilia ya come más cosas sólidas y salió igual de carnívora que su mamá y yo.

Un pedido de tacos para una familia pequeña no pasa de 170 pesos, siempre y cuando sepas a dónde lo pides. Claro, hay lugares aún más caros, en esos tiempos cuando tenía tres trabajos y había solvencia económica llegué a degustar un taco de 50 pesos, era un Tacobar de la calle 59, de ahí el precio, y sí, valió la pena. Una costra de queso, envolviendo un taco de pastor bien sazonado, bien que valió la pena.

Sin embargo, los jueves de taquitos para nosotros, es infalible no pensar en conocida taquería en el malecón de la ciudad, con precios netamente accesibles y a donde caen los fines de semana todos los trasnochados a curarse el pre copeo, incluso la fiesta entera. El Pastor Suizo deleita a sus comensales con un pastor casi de receta original, pero a comparación de las taquerías del centro del país, donde ya los tacos son servidos con cebolla, cilantro y piña, en ese lugar te lo ponen como topping, para que no haya esa molestia de: sin piña por favor. Lo digo por experiencia.

Tres mexicanas y tres suizos de harina de pastor, así como un taco natural de arrachera para la bebé, es el pedido de nosotros, todo con cebolla y cilantro, a excepción del taco para la bebé, pues aún no experimentamos ese paso a su comida. Pero esas historias son para los jueves en la noche, en Campeche el taco tradicional es de lechón y cochinita, y eso no se acostumbra para cena.

También los conocemos, claro que sí. Campechano que no haya ido a Hecelchakán alguna vez en su vida a comer tacos de cochinita enterrada, entonces no es campechano, así dicta la tradición. En el parque de la cabecera municipal de Hecelchakán hay tres puestos, uno de ellos es el más conocido, el del amigo Calán.

Debido al negocio de mi esposa, y que en Mérida encontramos los insumos más baratos a comparación de Campeche, al menos vamos de una a dos veces al mes al vecino estado a surtirnos, y por ende, la tradición del desayuno en Hecelchakán sirve para degustar la original cochinita enterrada o en “Pi”, pues el sabor es totalmente diferente, mientras las taquerías en la ciudad preparan la carne en horno normal, de gas, en Hecelchakán lo acostumbran a hacer en ese estilo.

Mientras en el Norte del país son de asada y en el centro de pastor, en el Sureste del país nos da una exitosa presentación los tacos de cochinita, si no, pregúntenle a Netflix. Y es que la mezcla de la tradicional cocina maya sigue marcando, al menos en los campechanos, la tendencia de comer tacos. Habría que recordar entonces que un taco no es ninguno, y dos, son uno.

Pero a como quieran, de cochinita enterrada, horneada, de lechón tostado con cuerito, el taco es un paraíso de sabor envuelto en una tortilla, y eso, sí que es gastronomía mexicana.

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